1000 semillas de esperanza darán fruto como símbolo del compromiso con las personas pobres

En medio de una sociedad que genera esclavitud y dolor para un gran número de personas, los cristianos estamos llamados a ser testigos de esperanza, a sembrar signos de luz y liberación, signos del amor de Dios que nos abraza a todos con ternura y compasión.

Sembramos 1000 semillas de esperanza

En motivo de la III Jornada Mundial de los Pobres en Cáritas Diocesana de Terrassa hemos querido materializar el fruto de esperanza de la tarea que realizan todas las personas. Así pues, estos días, participantes de Cáritas, voluntarios y trabajadores sembramos 1000 semillas de esperanza. Entonces que brotarán de la tierra como la esperanza que nace en las personas que acogemos y acompañamos a Cáritas.

La exclusión social, en sus diferentes dimensiones, se ha enquistado en la estructura social de nuestro país. El número de personas en exclusión social en España es de 8,5 millones, el 18,4% de la población, lo que supone 1,2 millones más que en 2007, afectando principalmente a las familias con menores, jóvenes y mujeres. Son el rostro de la sociedad estancada, un nutrido grupo de personas para quienes el ascensor de la movilidad social no funciona. Estas personas tienen rostro, historia, nombres, y a veces se les rechaza y «son vistos, por algunos, como una amenaza o gente incapaz, solo porque son pobres», tal como dice el papa.

Ser testigos

Vivir la caridad, como dice el papa Francisco, requiere tener relaciones interpersonales con las personas pobres: vivir con los pobres y por los pobres. Nos anima a vivir la misión como seguidores de Jesús haciendo todo lo posible por encontrarnos con él en estas personas y en sus historias de vida, porque allí, en cada persona, está Dios.

Como comunidad cristiana tenemos la misión de anunciar la Buena Noticia del Evangelio de Jesús, encarnar su mensaje y adherirnos a su estilo de vida que pasa por ayudar, acompañar, proteger, defender y salvar a los más pobres y débiles.

Ser discípulos de Jesús requiere de nosotros ser evangelizadores coherentes, ser capaces de sembrar signos visibles de esperanza que supongan consuelo y liberación para quienes sufren y padecen pobreza y falta de reconocimiento de su dignidad como personas.

«La esperanza de los pobres nunca se frustrará»

Estas palabras del salmo 9, 19 son el lema de la III Jornada Mundial de los Pobres. Unas palabras que tal como dice el Papa «expresan una verdad profunda que la fe logra imprimir sobre todo en el corazón de los más pobres: devolver la esperanza perdida a causa de la injusticia, el sufrimiento y la precariedad de la vida».