Opinión: ¿Dónde están los refugiados?

Salvador Obiols i Gras

Director General de Cáritas Diocesana de Terrassa.

 

«El contacto con el otro lleva a descubrir su” secreto “, a abrirse a él y contribuir así a un conocimiento mayor de cada uno»

Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2018

 

¿Dónde están los refugiados que durante todo un año formaron parte de la ola migratoria más importante desde la Segunda Guerra Mundial? ¿Qué fue de los acogidos en Lesbos y en otras islas del Egeo? ¿Y los que malvivían y malviven en campos de refugiados de Turquía, Líbano u otros países? ¿Es necesario marcar un día, una jornada en el calendario para acordarnos de ellos?

 

Fueron portada en todos los medios de comunicación, pero desde hace un par de meses largos ya no se habla. Todo son noticias sensacionalistas y efímeras. Es mejor hablar de estos temas porque así nos olvidemos del fracaso de la política migratoria de la Unión Europea y del incumplimiento de los acuerdos suscritos por los gobiernos europeos en cuanto a la acogida de los refugiados.

 

Solamente aparecen noticias de pateras que cruzan el Estrecho y llegan atravesando un mar de muertos, o bien grupos de jóvenes que intentan saltar las vallas de Ceuta y Melilla.

 

Los gobiernos europeos no quieren reconocer que se enfrentan al mayor movimiento de personas desplazadas y refugiadas, sin precedentes en la historia reciente.

 

Durante siglos, la Iglesia católica ha asistido con especial atención a las personas en situación de movilidad humana. Cáritas ya se ha manifestado individualmente y colectivamente sobre esta dramática situación y, siguiendo el Magisterio del papa Francisco, plantea una respuesta integral a estos retos que tienen lugar actualmente. Y la acción que nos propone el Papa la expresamos con cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar.

 

Cuatro pasos fundamentales para que no se trate solamente de buscar una solución puntual al drama de la huída, sino que impulsa un proceso mucho más largo que supone la recuperación de su dignidad como personas, su reconocimiento como sujetos del derecho internacional, la ayuda para su promoción personal y la integración en las nuevas comunidades de acogida.

 

De nada servirán las vallas, los muros y los mares que separan cuando la desesperación es tan grande para aquellos que no ven futuro en su tierra. Dejan sus familias, amistades, costumbres, tradiciones, y se enfrentan a un viaje penoso de miles de kilómetros, acosados ​​por “cazadores de esclavos”, controlados por mafias que los abandonan a su suerte, y los controles de fronteras de la Unión Europea.

 

Los inmigrantes y refugiados caminan buscando puertas abiertas, brazos extendidos. Viajan con la ilusión y la esperanza de encontrar un lugar donde vivir con dignidad.

 

Este domingo, 14 de enero, en Cáritas nos sentimos parte de esta gran familia que es la Humanidad. Hoy queremos abrir las puertas para acoger, proteger, promover e integrar. Hoy queremos abrir las puertas a la solidaridad.