Seis años de guerra en el atolladero sirio: ¿Qué hace Càritas?

Este mes de marzo se cumplen seis años del estallido de la guerra civil en Siria. Las partes enfrentadas han bajado la intensidad de los combates y parecen dispuestas a negociar, pero a pesar de las diferentes treguas acordadas en los últimos meses, en febrero murieron más de 2.800 personas a causa de la violencia según datos del Observatorio Sirio de los Derechos Humanos, con sede en Londres. La última tregua se acordó por Irán, Rusia y Turquía a finales de año y excluye a los grupos terroristas que operan en el país. No obstante, la tregua no ha llevado la estabilidad y la seguridad que los sirios anhelan.

Todas las partes implicadas en el conflicto han sido acusadas en reiteradas ocasiones de abusos y violaciones de los derechos humanos por diferentes organizaciones internacionales. Con el atolladero actual no se prevé una solución inmediata al conflicto. Las partes implicadas en este rompecabezas están enconadas en sus posiciones y nadie parece dispuesto a ceder. La reconstrucción del país, de la unidad, de la paz y de la convivencia parece muy difícil, aparte de las injerencias de los actores externos con intereses en el país, que tienen más voz que los propios sirios.

Según los últimos datos de ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, 13,5 millones de personas necesitan asistencia humanitaria, hay 6,5 millones de desplazados internos y 5 millones de refugiados en los países vecinos. Además, nadie sabe cuánta gente ha muerto en el conflicto. Se habla de más de 320.000 fallecidos, pero hay quien sitúa esa cifra cerca del medio millón de personas. La situación es insostenible.

Los compañeros de Cáritas Siria explican su día a día en una carta dirigida a Cáritas Española:

Desde hace unos días, la primavera por fin ha llegado a Damasco. Aquí, en Siria, el invierno ha sido muy duro para todos nosotros porque la guerra no nos ha permitido protegernos fácilmente del frío. Hemos trabajado en condiciones muy difíciles, sin electricidad, sin calefacción y en algunas ocasiones incluso sin agua corriente. Hemos visitado a algunos beneficiarios que están viviendo situaciones precarias en edificios sin terminar o en ruinas. Estas personas han sufrido mucho durante el invierno.

“Hemos llegado a un punto en el que lo único que hacemos es luchar por proporcionar a nuestra vida las necesidades más básicas”

Pero el frío no es la única causa del sufrimiento de la población siria. Siempre me hago la misma pregunta. Vosotros, que vivís en países occidentales, ¿qué sabéis sobre las dificultades que enfrentamos en nuestra vida cotidiana? Tal vez habéis leído acerca de cifras y estadísticas sobre las tasas de pobreza en Siria. Puede ser que hayáis visto noticias sobre el número de muertos y el derramamiento de sangre. Pero, ¿qué se dice acerca del estrés bajo el que vivimos a diario para poder conseguir cosas sencillas, tan sencillas como agua, gas, combustible para la calefacción y pan? Cada día luchamos para encontrar alternativas a la electricidad. Tenemos que esperar en una cola durante diez horas o más para llenar el depósito del coche. Tardamos horas en llegar a nuestros centros de trabajo a causa de los controles de seguridad. Tenemos que pagar hasta cinco veces más por una bombona de butano para poder calentar nuestro hogar durante unos días. Todo ello nos está matando por dentro y haciéndonos sentir que no somos incapaces de pensar en otra cosa salvo en la manera de cubrir nuestras necesidades diarias. Los jóvenes ya han dejado de pensar en el futuro. Están demasiado ocupados para preocuparse de eso. Tienen que hacer largas colas durante horas en los parques públicos para poder conseguir un poco de agua para asearse.

Desgraciadamente, después de seis años de guerra hemos llegado a un punto en el que lo único que hacemos es luchar por proporcionar a nuestra vida las necesidades más básicas.

Nuestro trabajo en Cáritas tampoco resulta fácil. Formamos parte de una sociedad, la siria, que está cansada. Y tenemos nuestros propios problemas y preocupaciones. Algunos de los trabajadores que trabajan aquí están desplazados y tienen que compartir una habitación diminuta con otras familias. Alguno de ellos ha perdido a sus seres queridos. La recepcionista del centro Kashkoul de Damasco, por ejemplo, perdió a su marido al principio de la guerra por culpa de una bala perdida. Estaba haciendo la compra para su familia con su hija de cinco años, que vio morir a su padre delante de sus propios ojos. Actualmente, esta señora tiene que ocuparse ella sola de sus tres hijas, lo que supone una dificultad para sobrellevar la carga de la vida día tras día. Además, los trabajadores de Cáritas deben dejar de lado sus propias preocupaciones y escuchar a la gente contar historias tristes y a menudo trágicas, con comprensión y compasión. Y si se les pregunta de dónde sacan fuerzas para continuar con su misión, la mayoría responde “de la alegría que vemos en los ojos de los desfavorecidos cuando reciben nuestra ayuda”. Esto es sencillamente una oda a la alegría de los trabajadores de Cáritas en Siria.

Los seis años de guerra nos han agotado y nos han devuelto a la Edad de Piedra, privándonos de las cosas más sencillas de la vida. Pero vosotros, desde los países occidentales, podéis ayudarnos a recuperar nuestra dignidad y nuestra alegría apoyándonos y ayudándonos no solo económicamente, sino también contribuyendo a acabar con la guerra en nuestro país. Os pedimos que por favor habléis en voz alta sobre la verdad. Sobre el tremendo sufrimiento de millones de seres humanos en Siria. Que ejerzáis presión sobre vuestros gobiernos para que pongan fin a las sanciones en nuestro país ya que lo único que se está consiguiendo es que los ricos sean más ricos y los pobres lo sean aún más. Pedid a vuestros líderes políticos que prohíban el envío de armas y que impidan a los yihadistas viajar a Siria. Que nos ayuden a reconstruir nuestro país para que así podamos interpretar de nuevo nuestra propia “Oda a la alegría”.

Cáritas en Siria

En Siria, Cáritas trabaja en seis regiones: Damasco, Aleppo, Homs, la región costera, la Yazira y Horan. El objetivo principal de la misión es ofrecer ayuda alimentaria y para pagar el alquiler, ya que la guerra ha excluido a la mayoría de los sirios de cualquier tipo de ingreso. Otro aspecto vital de la misión de Cáritas es facilitar ayuda médica y artículos no alimentarios, como mantas, ropa, etc., según las necesidades.

En Damasco, Cáritas Siria tiene varios centros de atención a los desplazados sirios (y refugiado iraquíes que todavía quedan). También distribuye paquetes de comida, tratamiento médico y asistencia preventiva de salud. En Alepo, han sido creados espontáneamente varios centros, gracias a las iniciativas de una persona o una comunidad local. Hay pequeños grupos de voluntarios que cuidan de escuelas, ofrecen asistencia y acompañamiento. En Homs, a pesar de la violencia del conflicto, Cáritas Siria está todavía administrando las actividades con las comunidades cristianas (católicos y ortodoxos) y de servicio a los necesitados.

Foto: Caritas Internationalis

Cáritas Siria trabaja con comunidades religiosas, como las Hermanas del Buen Pastor y las Hermanas del Sagrado Corazón. Coopera también con organizaciones humanitarias como Shia y Sunni, con el fin de alcanzar el mayor número posible de personas necesitadas.

Con un programa de 100 millones de dólares al año, Cáritas distribuye alimentos, refugio, asistencia médica, educación, protección y asesoramiento a 1,5 millones de personas. En los últimos tres años, la Iglesia universal ha ayudado a unos cuatro millones de personas, invirtiendo unos 560 millones de dólares en ayuda humanitaria.

Asistencia a los refugiados en la frontera este de Europa

Más allá de la labor de Cáritas Siria, también Cáritas a nivel internacional asiste a los refugiados que han quedado varados en el este de Europa tras el cierre de la ruta de los Balcanes ahora hace un año.  Mientras la Unión Europea y los países que la conforman continúan adoptando políticas migratorias cada vez más restrictivas, la odisea de los migrantes y refugiados que intentan llegar hasta sus fronteras, no se detiene. Ahora mismo, cientos de miles de personas se encuentran en campos de refugiados de la región de los Balcanes y Turquía atrapados por el cierre de las fronteras y con una gran necesidad de ayuda básica.

Las Cáritas de Grecia, Serbia, Macedonia, Albania, Eslovenia, Croacia, Hungría, Bulgaria y Turquía, con el apoyo de la red internacional, trabajan desde hace tiempo intentando dar respuesta a esta crisis y lo hacen con un enfoque integral, mediante actuaciones que combinan la acción humanitaria y la promoción de integración de los migrantes. “Nuestro trabajo más importante, además de ofrecerles ayuda y asistencia, es acompañarles, escucharles, comprenderles…; unirnos como una sola familia humana”, dice Chiara Rambaldi, coordinadora del Proyecto de Migrantes y Refugiados de Cáritas Estambul.

También Cáritas Española, que colabora en la región desde hace años, ha ido respondiendo a las sucesivas peticiones de ayuda lanzadas por las Cáritas locales para llevar a cabo sus programas de asistencia humanitaria y garantizar la cobertura de las necesidades básicas de los migrantes y su acceso a servicios de salud, educación, etc.

Caritas Internationalis abrió una página web especial con historias para contar el conflicto sirio y explica cómo ayudar:

Siria

Grandes sufrimientos

Vidas atrapadas en la guerra en Siria

365 días con el Estado Islámico

Refugiados

Retratos familiares perdidos

El futuro son los niños

Las llaves de la esperanza

Crisis de refugiados en Europa

Un día en la vida de una madre siria en Turquía

Mas información:

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